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Chamanismo

Axis mundi y los tres mundos del chamanismo: el mapa universal del viaje interior

Publicado el 24 de octubre de 20267 min de lectura
Buda con túnica naranja meditando bajo un sol radiante y la luna llena, pagodas, cerezos y olas de papel recortado

El axis mundi, el árbol del mundo, une los tres mundos del chamanismo: inferior, medio y superior. Qué dice este mapa y cómo usarlo hoy al meditar.

Tres mundos, un árbol y muchos más matices que un simple mapa vertical

En muchas presentaciones actuales del viaje chamánico, el universo se organiza en tres grandes regiones: el Mundo inferior, el Mundo medio y el Mundo superior, unidos por un árbol cósmico, una montaña, un pilar u otro eje que permite, simbólicamente, pasar de un nivel a otro.

La imagen resulta atractiva porque se entiende a la primera.

Abajo: raíces, tierra, animales y fuerzas profundas.

En medio: nuestro mundo, la vida humana y la naturaleza que nos rodea.

Arriba: cielo, guías, visiones y perspectivas más amplias.

Pero conviene evitar una simplificación importante: no existe una única doctrina chamánica mundial que haya adoptado exactamente el mismo mapa de tres casillas.

La palabra chamanismo abarca una enorme diversidad de tradiciones rituales y cosmológicas, sobre todo en Siberia y en otras regiones del mundo. Las clasificaciones modernas tienden a acercar sus estructuras, pero los detalles pueden variar muchísimo de una cultura a otra.

Entre los sajá (yakutos) de Siberia, por ejemplo, una presentación etnográfica de la Universidad de Columbia describe un mundo superior con varios niveles, un mundo medio donde viven humanos, animales y ciertos espíritus de la naturaleza, y un mundo inferior oscuro asociado a otros seres espirituales.

Entre los tuvanos también aparece una división del cosmos en tres partes, aunque algunas variantes locales describen de otra manera el número y la naturaleza de los mundos.

Esta es, por tanto, la primera regla para entender los tres mundos del chamanismo:

más que tres casillas universales idénticas, son un motivo cosmológico especialmente extendido que luego se ha reinterpretado y estandarizado en ciertas formas actuales de práctica chamánica.

El Mundo inferior: bajar no significa ir al infierno

Mujer meditando en un acantilado frente al atardecer, cerezo en flor, pagoda y deidad entre volutas de papel

El Mundo inferior, también llamado Mundo de abajo o Lower World en el chamanismo contemporáneo, suele ser el primer destino que se enseña a quienes descubren el viaje chamánico.

Y enseguida aparece un malentendido.

«Inferior» no significa necesariamente «malo».

Nuestro imaginario occidental asocia con facilidad:

  • arriba = bien;
  • abajo = mal.

Cielo contra infierno.

Luz contra tinieblas.

En distintas cosmologías chamánicas, esa oposición es mucho menos sencilla.

Según la tradición, el mundo inferior puede estar asociado a los muertos, a ciertos espíritus, a la tierra o a potencias subterráneas, pero el simbolismo actual del viaje chamánico lo convierte a menudo en un universo de naturaleza salvaje, animales, raíces y fuerzas instintivas.

Para entrar en él durante una visualización chamánica, quien practica suele imaginar una abertura natural:

  • una cueva;
  • una madriguera;
  • una raíz hueca;
  • un manantial;
  • una grieta en la tierra.

Desciende.

Y entonces el pasaje se abre a un paisaje.

Un bosque.

Una pradera.

Una montaña.

Un río.

El escenario cambia muchísimo según la imaginación y las asociaciones de cada persona.

En algunos métodos modernos, inspirados sobre todo en el core shamanism (chamanismo básico), es en este mundo donde se busca un animal de poder o un espíritu aliado.

Pero es importante distinguir este modelo contemporáneo de las cosmologías etnográficas concretas, en las que los habitantes del mundo inferior pueden describirse de formas muy distintas.

A nivel psicológico, este descenso ofrece además una imagen tremendamente potente.

Bajar significa dejar el análisis intelectual para ir hacia:

  • el cuerpo;
  • el instinto;
  • la memoria;
  • las imágenes;
  • las emociones menos verbales.

No es raro, entonces, que el Mundo inferior funcione tan bien como paisaje de meditación y de viaje interior.

Solemos pensar la propia psique en vertical.

Algo está «enterrado en lo más hondo».

Un miedo «sale a la superficie».

Uno «baja a su interior».

El lenguaje ya había instalado el ascensor.

El Mundo medio: nuestro mundo, pero visto de otra forma

El Mundo medio es probablemente el más difícil de explicar, porque se parece… al mundo en el que ya estás.

En algunas cosmologías tradicionales designa sencillamente el nivel donde viven los humanos, los animales y distintos seres o potencias ligados al paisaje.

Entre los sajá, por ejemplo, el mundo medio incluye a humanos, animales y ciertos espíritus asociados a las montañas, las plantas y los fenómenos naturales.

En el chamanismo contemporáneo, el Mundo medio se presenta a veces como la dimensión espiritual o no ordinaria del mundo cotidiano.

Un bosque sigue siendo un bosque.

Pero puede percibirse como un lugar habitado por presencias, relaciones y significados.

Un río ya no es solo un volumen de agua.

Se convierte en un lugar con el que entras en relación.

Esta visión conecta con el animismo, término que la antropología usa para describir concepciones en las que animales, lugares, objetos o fenómenos naturales pueden considerarse dotados de algún tipo de interioridad, capacidad de acción o presencia.

Eso sí, hay que evitar reducir todas las formas de animismo a:

«Todo tiene un alma exactamente igual que la de un humano».

Las concepciones son mucho más variadas.

Para quien practica hoy, el Mundo medio puede convertirse en un ejercicio de presencia extraordinario.

En lugar de cruzar un parque pensando solo en tu móvil, observas:

  • los árboles;
  • los pájaros;
  • la temperatura;
  • cómo se mueve el viento;
  • los olores;
  • las interacciones.

Con eso no demuestras que haya un espíritu detrás de cada arbusto.

Lo que cambias es tu relación con el paisaje.

Y a veces ese cambio basta para que el mundo parezca mucho menos plano.

El Mundo superior: subir para cambiar de perspectiva

El Mundo superior, o Mundo de arriba, suele asociarse al cielo, la altura, la luz, los seres celestes, los maestros o ciertas potencias espirituales.

En varias cosmologías siberianas, el propio cielo tiene varios pisos o niveles.

La cosmología yakuta, por ejemplo, describe un universo de tres grandes niveles, con varios cielos en el mundo superior y distintos tipos de espíritus que los habitan.

En el viaje chamánico actual, el acceso al Mundo superior suele imaginarse a través de:

  • un árbol inmenso;
  • una montaña;
  • una cuerda;
  • una escalera;
  • una columna de humo;
  • un rayo de luz;
  • un pájaro que se eleva.

El escenario tiende a volverse más luminoso, amplio o aéreo.

Aquí también sería tentador establecer una equivalencia automática:

Mundo inferior = inconsciente.

Mundo superior = supraconsciente.

Mundo medio = conciencia ordinaria.

Esta lectura psicológica puede ser muy útil como metáfora.

Lo único es que no debe presentarse como el significado histórico universal de todas las tradiciones chamánicas.

Para quien practica hoy, el Mundo superior puede representar la búsqueda de perspectiva.

Cuando estamos atrapados en un problema, nuestro campo mental se estrecha muchísimo.

El viaje imaginario hacia arriba produce el gesto contrario:

tomar distancia.

Mirar el conjunto.

Preguntarte:

«Si viera esta situación desde mucho más lejos, ¿qué cambiaría?».

Es casi una técnica de reencuadre psicológico vestida de cosmología celeste.

Y es justamente esa mezcla de simbolismo y función lo que hace que estos mapas perduren tanto.

El árbol del mundo: el ascensor cósmico de la humanidad

Mujer meditando sobre una roca, cinta de luz que se eleva hacia una deidad sobre un loto, río, árbol y templo de papel

¿Cómo se pasa de un mundo a otro?

A través de un eje.

La antropología de las religiones usa a menudo el término latino axis mundi, «eje del mundo», para referirse a un símbolo que conecta distintos niveles del cosmos.

Puede adoptar la forma de:

  • un árbol;
  • una montaña;
  • un pilar;
  • una escalera;
  • un eje vertical.

En el imaginario chamánico, el árbol del mundo es especialmente poderoso.

Sus raíces se hunden en la tierra.

Su tronco pertenece al mundo humano.

Sus ramas suben hacia el cielo.

Ahí tienes toda la cosmología reunida en un solo organismo.

Este símbolo no se limita, ni mucho menos, al chamanismo moderno.

Los árboles cósmicos y las estructuras verticales que unen cielo, tierra y mundo subterráneo aparecen en muchísimas mitologías.

Pero, una vez más, parecido no significa identidad histórica.

Los seres humanos también construyeron pirámides en varios continentes sin necesidad de llamarse por teléfono para coordinar los planos.

A veces ciertas formas simbólicas se imponen simplemente porque son muy intuitivas.

Un árbol es vertical.

Sus raíces son invisibles.

Sus ramas tocan, simbólicamente, el cielo.

Difícil encontrar mejor arquitectura para unir tres niveles.

¿Por qué aparece este mapa en culturas tan distintas?

Esa es la gran pregunta.

¿Por qué encontramos tan a menudo una organización vertical del cosmos?

Hay varias explicaciones posibles, que además pueden convivir.

La primera es cultural e histórica: las sociedades vecinas intercambian relatos, prácticas y símbolos.

La segunda es ambiental: el cielo, la superficie de la tierra y el subsuelo ya forman tres niveles evidentes de la experiencia humana.

La tercera es psicológica: el espacio vertical se presta de maravilla a las metáforas sobre la conciencia.

Hablamos con toda naturalidad de:

  • «altos pensamientos»;
  • «emociones profundas»;
  • «caer en la desesperación»;
  • «elevarse espiritualmente».

Por último, en el contexto del trance, los cambios en la percepción corporal pueden producir sensaciones de subida, bajada, flotación o desplazamiento que encuentran, con toda naturalidad, una expresión cosmológica.

Una revisión científica reciente sobre las prácticas de trance chamánico subraya precisamente la diversidad de contextos culturales y de técnicas, al tiempo que estudia su punto en común: la modificación voluntaria de la experiencia consciente dentro de un marco ritual y cultural determinado.

Dicho de otro modo, los tres mundos no son solo un mapa de «lugares».

Estructuran una experiencia.

Cómo usar este mapa en una meditación actual sin pretender recrear un ritual tradicional

Puedes usar los tres mundos como una estructura de visualización muy sencilla.

Empieza por el Mundo inferior con una pregunta ligada al instinto:

«¿Qué cualidad necesito para sentirme más firme?».

Luego regresa.

Después imagina el Mundo superior con una pregunta de perspectiva:

«¿Qué vería de otra manera si tomara distancia?».

Y luego vuelve al Mundo medio.

Esto es fundamental.

El viaje no termina hasta que traes algo de vuelta a la vida cotidiana.

Una idea.

Una imagen.

Una decisión.

Una frase.

Un gesto.

Si no, solo habrás hecho un turismo interior muy bonito.

El Mundo medio sigue siendo el lugar donde hay que fregar los platos.

Hasta las grandes revelaciones espirituales se topan, tarde o temprano, con un estropajo.

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son los tres mundos del chamanismo?

En muchos modelos actuales se llaman Mundo inferior, Mundo medio y Mundo superior. Sin embargo, su estructura y su significado varían muchísimo de una cultura a otra.

¿El Mundo inferior es el infierno?

No. Esa equivalencia es bastante engañosa. Según la tradición, el mundo inferior puede estar ligado a los muertos, a ciertos espíritus o a las regiones subterráneas, pero no es simplemente el equivalente del infierno cristiano.

¿Qué hay en el Mundo superior?

En algunas cosmologías tradicionales, distintos seres celestes o espíritus; en las prácticas modernas, se asocia a menudo con guías, maestros y perspectivas espirituales.

¿Existen realmente los tres mundos?

Existen sin duda como estructuras cosmológicas y simbólicas en diferentes tradiciones. Su existencia como lugares objetivos, independientes de la experiencia humana, pertenece al terreno de las creencias espirituales y no está demostrada científicamente.

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